viernes, 21 de junio de 2013

Me caí del mundo y no sé por dónde se entra. (Para mayores de 50)

Me caí del mundo y no sé por dónde se entra. (Para mayores de 50)  Por: Eduardo Galeano periodista y escritor Uruguayo. 


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.. 

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. 

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. 
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. 

Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. 
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más! Se compraban para la vida de los que venían después La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas..... 

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. 
Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapatero, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos..... De 'por ahí' vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios. 
Mi cabeza no resiste tanto. 

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. 

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre... Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. 

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería... ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? 

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? 
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos... ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!!  los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas. 

¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos. 

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio.
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'. 

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. 

Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir. 

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella. 

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. 

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. 

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. 

No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. 
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga. 

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado...

miércoles, 20 de mayo de 2009

VICTIMAS EN COLOMBIA, UNA PRUEBA DE SUPERVIVENCIA

Este es un llamado a todas las victimas de la violencia del conflicto armado en nuestro pais ( Paramilitares-Guerrilla), para que a través de este medio nos cuenten su historia, que es la historia de todos...


Por que no existe ni verdad ni justicia ni reparación.....




Alejandro Calle Cardona
Alejandra Santacruz Arenas

Periodistas Azulnaranja Periodismo Digital.....

martes, 18 de noviembre de 2008

LA REFLEXIVIDAD

¿ En el documento se menciona en varias ocasiones la palabra reflexividad, sin embargo no me queda claro que es en sí?

REFLEXIVIDAD

El lenguaje humano tiene esta característica de autorreferencia, que es la que opera, por ejemplo, cuando la palabra 'significado' está en cierto tipo de uso. De modo que, cuando preguntamos "¿qué significa 'cónyuge'? no sólo hablamos en español, sino también sobre el español: producimos habla sobre habla. Lo mismo cuando afirmamos "la palabra 'ocho' tiene cuatro letras". La reflexividad es autorreferencia, autodescripción. Cabe, por lo tanto, distinguir un discurso en línea y un discurso en metalínea, o un uso normal y un uso reflexivo del lenguaje.

Cada vez que por medio de una expresión observamos o juzgamos otras expresiones, estamos en un nivel autorreferencial. Todas las palabras que pueden referir actos comunicativos son de este tipo, como ciertos usos de 'decir', 'escuchar', 'leer', 'recordar', 'significar', pero también un sinnúmero de otras que pueden ser usadas en contextos dados para enfocar ("escanear") partes del habla. Es la propiedad de reflexividad del lenguaje.

El lenguaje tiene la propiedad de construir sus propios metalenguajes. De esta propiedad emerge, entre otras disciplinas, la semántica, que trata justamente sobre los significados lingüísticos.
Una de las distinciones que se maneja para resaltar un aspecto de este tránsito entre un nivel "en línea" (no-autorreferencial) y un nivel en metalínea (autorreferencial) es la que introduce el par "uso" y "mención". Una palabra se dice estar "mencionada" cuando aparece en contexto autorreferencial de tipo cita, de otro modo está simplemente "en uso".
Por ejemplo, en la expresión "¿qué significa la palabra 'cónyuge'"?, la palabra 'cónyuge' se dice estar en mención. Su uso no es el uso normal, o en línea de la palabra, sino un uso de tipo vitrina: un objeto aparte. Esto lo destacamos encerrando las menciones entre comillas simples en la escritura, mientras que, en el habla oral, la mención recibe una entonación y acentuación particulares, a la vez que se hace rodear de pausas o silencios que marcan su carácter de cita.
La mención se produce cuando el propósito de la comunicación gira sobre algún aspecto de la misma. Cuando el lenguaje está en uso, los propósitos son otras cosas que el lenguaje.

Nótese que las nociones de "mención" y "reflexividad" (o "autorreferencia") no son idénticas. La autorreferencia ya está presente en la palabra 'palabra'. En la afirmación "la autoreferrencia ya está presente en la palabra 'palabra'", sin embargo, la primera palabra 'palabra' está en uso, no en mención, sin por ello dejar de ser autoreferrencial.
Una afirmación como "el lenguaje humano es un sistema formal discontinuo" no tiene mención alguna, pero sí reflexividad. Es decir, "uso" y "mención" no son conceptos coextensivos con "lenguaje no-autorreferencial" y "lenguaje autorreferencial".

martes, 11 de noviembre de 2008

Medellín, aula de clase de los maestros expedicionarios



Los maestros expedicionarios de Medellín recorren hace ocho años las escuelas para resaltar el trabajo de sus compañeros y crear una nueva escuela para la formación del maestro y la construcción de nuevos saberes: la Escuela Expedicionaria.


Zavil Palacio Campillo, maestra de básica primaria de la antigua escuela rural Altavista, al occidente de Medellín, quiere que sus estudiantes se sientan protagonistas de su formación y la de su comunidad.

Para lograrlo trabaja en un proyecto piloto denominado Campamento Artic, donde los niños, equipados con una computadora portátil del tipo Classmate, salen a recorrer las calles, los parques y los hogares del corregimiento para compartir con los vecinos los conocimientos de la escuela.

Esta maestra es una de las nueve expedicionarias que conforman el movimiento Escuela Expedicionaria de Medellín, un grupo que trabaja en diferentes lugares, en su mayoría zonas de escasos recursos económicos, y que implementan en su práctica docente actividades innovadoras como los recorridos urbanos para que la ciudad se convierta en el aula de clase integral para formar a los estudiantes.
Formación expedicionaria

Para estos maestros, la formación expedicionaria comenzó en el 2000 con una convocatoria de la Secretaria de Educación de Medellín y el comité operativo de la Expedición Pedagógica Nacional, la cual conocieron de diferentes formas y a la que asistieron atraídos por realizar un viaje por las escuelas de Medellín.

Además, por la necesidad de un trabajo alterno a su desempeño en el sector oficial que mejorara su situación económica. Sin embargo, muchos de los convocados al darse cuenta de que el trabajo era voluntario decidieron no viajar.

Beatriz Eugenia Borja, maestra expedicionaria y quien ejerce su profesión en la Institución Educativa Vallejuelos, en la vía a San Cristóbal, llegó a Expedición luego de leer un afiche en la Universidad de Antioquia donde se convocaba a maestros con perfil investigativo, disposición de tiempo e interés por conocer.

“Yo quería desentrañar lo que era realmente porque invitaban a tener una mirada diferente a la que nos han enseñado, no a mirar la escuela como el espacio a donde los muchachos tienen que llegar y aprender contenidos, sino a analizar lo que la educación estaba generando en ellos, más allá de esas cuatro paredes y lo que generaba en sí en el maestro, en su ser”, dice Beatriz Eugenia.

Grupo de viaje

Inicialmente se organizó un grupo de 24 maestros quienes, después de unas capacitaciones, emprendieron la tarea de viajar por las escuelas, los colegios, las instituciones formadoras, los corregimientos y la ciudad para contemplar, reconocer y resaltar las prácticas pedagógicas de maestros que se atrevieron a proponer actividades diferentes a las establecidas por el currículo, por las teorías educativas y por las políticas publicas.

Más allá de un viaje físico, estos maestros expedicionarios realizan un desplazamiento a través del pensamiento, en un continúo reflexionar sobre el quehacer del maestro, el papel de los niños y sus padres.

Ese viaje es, según ellos, la metodología esencial para formarse y formar humanos capaces de analizar lo que el mundo les ofrece y de decidir sobre lo que les favorece o no.

“Mi misión es mostrarles a los niños que siempre se pueden buscar soluciones pacificas a los conflictos”, afirma la maestra Zavil Palacio Campillo.
Las experiencias visitadas

En ese recorrido por las escuelas los maestros expedicionarios descubrieron que hay muchas formas de ser maestro y de vincularse en la transformación de la escuela y la comunidad. Conocieron compañeros con gran sensibilidad social, comprometidos con la formación de sus estudiantes y de otras personas que se atrevieron a proponer prácticas pedagógicas impulsadas desde la escuela para integrar a los niños, jóvenes y padres de familia.

Luz Gabriela Montoya, anfitriona de la expedición en Castilla y quien preocupada por la situación de violencia del barrio, creó un espacio cultural y artístico en la I. E. Alfredo Cock Arango, donde invita a los actores del conflicto a abandonar la delincuencia y a buscar alternativas que les permitieran integrarse a la comunidad.

El grupo llamado “Renovación” está conformado por los niños, los jóvenes y sus padres de familia quienes se unen a través del arte, comparten sus problemas y les buscan soluciones, dándole un nuevo sentido a sus vidas y transmitiendo esperanza a los demás.

Para los niños, cada espacio de la escuela se transforma, se llena de afecto y de nuevos significados, según lo expresa un estudiante del Alfredo Cock: “este saloncito, en el que guardamos el vestuario, es nuestro rincón secreto y mágico, de él nacen obras personajes y hechizos”.
Maestro Consciente
Desde este punto de vista se forma un maestro consciente de que el saber no tiene límites y de que se construye en cualquier espacio y momento, a través de la vivencia, descubrir y expedicionar.

Son seres visionarios que encuentran en una quebrada, un parque o una calle, un aula para formar a sus estudiantes y para enriquecer los propios conocimientos.

“Las relaciones con el entorno no están medidas por el horario de clase, la pedagogía no es una camisa que se pone en la mañana y se quita al final de la jornada, el maestro sale de la escuela mirando la realidad que lo rodea, planeando cómo enriquecer la práctica”, afirman los expedicionarios de Medellín en el texto La geopedagogia: escenario e intersticio, confluencias y desencuentros.

Después del viaje, los maestros sienten la necesidad de crear un espacio para analizar las experiencias y los aprendizajes adquiridos, se comparten con otras personas y se construyen nuevos saberes que enriquezcan su trabajo.

Para Elsi Patiño Salinas, otra maestra expedicionaria, la Escuela Expedicionaria es “un espacio que no tiene muros ni puertas, se proyecta en cualquier lugar y momento donde sus integrantes reflexionen y construyan estrategias en torno a la educación”.

“Reconocer al otro como es y respetarlo es el comienzo de una mejor calidad de vida para todos, en medio de este mundo indiferente, segmentado y problematizado”, puntualiza la maestra expedicionaria Margarita Núñez.

LA FICCIÓN DEL DOCUMENTAL

¿Los documentales entonces, no pueden utilizar la ficción como una herramienta en su narrativa?

Debatiendo en clase sobre el uso de la ficción en los documentales pudimos llegar a la siguiente conclusión, aún en el documental en el cuál se está mostrando la realidad, desde el principio de la selección de las imagenes que se van a mostrar, se deja de ser real y se acude de una u otra forma a la ficción a través de un elemento muy importante, la subjetividad.